Cada vez es más frecuente refugiarse en la comunicación en el sentido de "relaciones públicas". Una de las grandes enfermedades de la información actual es la confusión que existe entre el universo de la comunicación y las relaciones públicas y el de la información. Una pregunta pertinente es: ¿en qué se ha convertido la especificidad del periodista en este nuevo contexto de la comunicación? Esta pregunta es pertinente porque vivimos en una sociedad en la que todo el mundo quiere comunicar algo y, en concreto, todas las instituciones producen información. La comunicación, en este sentido, es un discurso adulador emitido por una institución que espera que ese discurso le reporte algún beneficio.

Esta comunicación acaba por asfixiar al periodista. Todas las instituciones políticas, los partidos, los sindicatos, las alcaldías, etc., producen comunicación, tienen sus propios periódicos, sus boletines, etc. Las instituciones culturales, económicas o industriales producen información. Muy a menudo, entregan esta información a los periodistas y les piden que se limiten a reproducirla. Evidentemente, la petición no se presenta como una orden, pero la forma puede ser muy seductora.

Todo el mundo sabe que cuando las marcas de automóviles hacen pruebas, éstas siempre tienen lugar en paraísos como las Bahamas, porque así se puede invitar a los periodistas durante una semana en un hotel magnífico. Por supuesto, los periodistas harán su trabajo, pero en un contexto que favorece la comunicación en un determinado sentido. Por consiguiente, muchos periodistas acabarán limitándose a ser el canal que transfiere la comunicación emitida por tal o cual industria, tal o cual institución política, económica, cultural o social. Es una manera de llegar a un pacto con su conciencia y su ética.

Es cierto que las nuevas tecnologías favorecen considerablemente la desaparición de la especificidad del periodista. A medida que se desarrollan las tecnologías de la comunicación, aumenta el número de grupos que producen comunicación. Por decirlo de forma un tanto esquemática, sin la fotocopiadora no se hubiese inventado. El fascismo no hubiese sido lo que fue sin los altavoces y los micrófonos, porque nadie se puede dirigir con la única ayuda de la voz a mil personas al mismo tiempo. Las tecnologías de la comunicación han producido la explosión de las radios libres, o el fax. Actualmente, gracias a Internet, cada uno de nosotros puede no sólo convertirse en periodista, sino ponerse a la cabeza de un medio de comunicación.